
Este año fue aburrido, pero interesante. Me conocí demasiado...
Aprendí que en la vida
nada es fijo: todo cambia, todo el tiempo, constantemente. Que no hay que aferrarse a nada, todo va y viene. La vida está llena de
bienvenidas, despedidas, cumpleaños y aniversarios, que anuncian una nueva llegada, una partida, o se celebra que algo continúa.
Aprendí que los amigos, son compañeros.
Aprendí que, aveces, uno debe arreglarse solo y no depender de nada ni nadie.
Aprendí que tampoco se puede esperar demasiado de alguien, no puedo pedirle a los demás una parte importante de su vida que no están dispuestos a dar.
Aprendí que no puedo cambiar nada con mis palabras, pero sí con mis
actos.
Aprendí que a veces no puedo pensar en los demás.
Aprendí que
no todo se dice, hay cosas que no son necesarias que el otro sepa.
Aprendí que lo más importante es cuidarse.
Aprendí que nada es fácil, todo tiene su
precio y trae su
consecuencia.
Aprendí que hay que conservar la
calma.
Aprendí que hay que fingir.
Aprendí que no todo es lo que parece y no todo lo que brilla es oro.
Aprendí a pensar
3 veces antes de hacer o decir.
Aprendí a aprender.
Aprendí a cuidarme con
cuidado, y no con
miedo.
Aprendí que
las alegrías se expresan sin palabras, y las tristezas hay que dejarlas fluir en secreto.
Aprendí que cada cosa tiene su tiempo, su espera, que si no se
respeta, se derrumba.
Aprendí a vivir el momento, con calma.
Aprendí que a veces hay que
sacrificar algo
por los demás.
Aprendí que al encontrar algo que sientas que valga la pena, las cosas dejan de doler con tanta intensidad.
Cuesta aceptarlo.
Pero aprendí que a pesar de todo eso que
la vida se puede disfrutar con cuidado